lunes, 14 de septiembre de 2015

Hacer amar la vida

"Es propio de los seres humanos hacer amar la vida, incluso bajo la forma de una ecuación de segundo grado, pero la vitalidad jamás ha estado inscripta en el programa de las escuelas"
D. Pennac, Como una novela

“De allí la crítica permanente que siempre llevo en mí a la maldad neoliberal, al cinismo de su ideología fatalista y a su rechazo inflexible al sueño y la utopía. […] De allí mi total falta de interés en, no importa en qué orden, asumir una actitud de observador imparcial, objetivo, seguro de los hechos y los acontecimientos”.

P. Freire, Pedagogía de la autonomía

Es de menos paradójico que un libro tan “críptico” (palabra de la misma autora), como es Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño tenga uno de los prólogos más fascinantes en el plano de lo social. En lo que para mí es uno de los más grandes manifiestos educativos, Emilia Ferreiro denunciaba: “El fracaso escolar no está distribuido equitativamente” y hablaba de las precarias condiciones de los millones de estudiantes repetidores o que no concluían la educación básica en Nuestra América de finales de los años 70.

Helena Calsamiglia y Amparo Tusón dicen: “Los bienes lingüísticos están distribuidos de forma desigual en nuestras sociedades”. Cuentan, casi al margen, sobre cómo fue su formación en épocas de dictadura franquista. Y vaya, resulta que el grupo de Ferreiro realizaba una de las investigaciones más relevantes e influyentes en América Latina cuando fue disuelto por un exilio en tiempos de dictadura.

A veces los libros y las investigaciones ocultan historias, pero no ocultan una posición. No es gratuito que yo haya aprendido, de la mano de Ferreiro a ver en el niño a un sujeto pensante y creativo que descubre el sistema de escritura a veces, a pesar de la escuela. Hay allí no sólo una postura epistemológica, sino incluso, emancipadora.

No es gratuito que Tusón y Lomas estén hablando de un cambio ético “ante una manera de entender la educación [lingüística] que no elude su carácter ideológico y político. Porque en educación nada es inocente…” (Lomas, La educación lingüística…).

A veces se nos olvida que hay batallas que costaron. Y en contra de la fácil y cínica postura “posmo”, yo digo que ganaron. Y lo recuerdo hoy, que llevo años sin pararme frente a un grupo, y pienso en la deuda que tengo con mis maestras y maestros (pienso ahora en los exiliados argentinos, dos particularmente me marcaron, pero también en mi maestra Gina, de la primaria, as always) que me han transmitido, con su vida y sus actos, que lo que hacen cuando enseñan y cuando escriben es “hacer amar la vida”.

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