lunes, 8 de diciembre de 2014

De extravíos necesarios y marchas reparadoras

A las profesoras del CCH que me han educado sin ser su alumna

Son las 6:30 de una tarde de otoño que parece de primavera y estoy a la altura de Reforma e Insurgentes esperando integrarme a la marcha. Había quedado en pasar por Rafa a la biblioteca Vasconcelos, pero llegar hasta allá se me hace imposible y quedamos en que mejor me incorporo y él me alcanza después. Me detengo un rato simplemente a observar. Saco la cámara porque se aproxima el contingente del CCH Vallejo, y por si fuera necesario, aclaro que me conmueven mucho los contingentes del CCH, en primera porque trabajo allí, en segunda por la carga simbólica que ha construido el CCH históricamente en movimientos sociales, y en tercera porque cuatro de los planteles están en el área metropolitana, o sea que estos chavos tendrán que viajar, de menos, una hora y media para regresar a su casa y están acá, desbordando las calles de vitalidad.

Estoy a punto de tomar la foto, y me grita Enara, mi sobrina, hija de la hermana de Rafa, estudiante de Vallejo. Me pone mucho muy contenta haber encontrado a alguien querido tan pronto, nos abrazamos fuerte, emocionadas no sólo por vernos, sino porque la casualidad nos haya reunido así. Le pregunto si vienen maestros en el contingente, me señala: “sí, están allá atrás”. Volteo y reconozco algunas caras de profas de Historia. Aunque vienen en la retaguardia del contingente, son ellas y ellos –los profes- quienes sostienen los retratos de los 43 de Ayotzinapa. Me aproximo hacia ellos y en eso el contingente emprende un tremendo ocho que me hace salir disparada detrás de todos gritando como loca: “Olga, Olga!!!”. Olga corre y voltea confundida: viene portando los retratos, su compañero no le lleva el paso, los estudiantes los han dejado atrás y encima la distraigo!! Otro abrazo de alegría, de proximidad en algo importante. Me quedo en el contingente.

Detrás de Vallejo venía la prepa 8, yo escuchaba más sus consignas que las nuestras porque eran mucho más que nosotros. Las marchas son movimiento continuo, pero a pesar de eso permite la proximidad, y permite reunirnos y encontrarnos con los queridos como si hubiéramos quedado en el lugar y la hora exactas. En poco tiempo yo empecé a escuchar una consigna que venía detrás: “Iglesia consciente, se une al contingente!!”, y le dije a Olga: órale, que incluyentes son los prepos. Después: “Rezamos, pedimos, por los hermanos vivos!!” y allí sí ya no me cuadró. Volteamos y nos damos cuenta de que unos cristianos se metieron entre la prepa y nosotros. Eran jóvenes todos y realmente resonaban. Y luego, cuando venían los “pinches” y los “putos” de los ceceacheros y los prepos, estos que venían en medio guardaban sepulcral y cristiano silencio. Olga y yo nos reíamos: “pobres, a donde se fueron a meter!!”

En eso me habla Pablo. Pablo es un amigo de Enara que conocimos en una reunión familiar improvisada –como esta-. Es, como Enara, otro digno ceceachero. Nos invitaron a comer comida vegetariana que ellos mismos prepararon mientras hablábamos de profesoras feministas de Antropología que los tiene en feliz jaque existencial, de esas que definen vocaciones, de activismo y de porros que los tienen en feliz jaque existencial de esas que definen convicciones. Nos caen re bien estos chamacos!! Pablo me ofrece agua –andan repartiendo agua entre todo el contingente-, me enseña una lista de consignas que imprimieron y repartieron entre todos, le digo que yo no he escuchado ninguna de esas, me responde que eso fue hace rato, cuando empezaba y estaban menos dispersos. Le digo: -Qué tal con tus compañeros intolerantes que se vienen burlando de los cristianos? -A poco son cristianos?, -Claro, escucha sus consignas, además desde hace rato están cantando. -Ah, entonces sí son cristianos. –Pero se quedan callados porque sólo tienen dos consignas. Enara se ha acercado. Se miran, cómplices como son y Enara dice con ese maravilloso brillo en los ojos: “REZAMOS, ORAMOS, Y TAMBIÉN LUCHAMOS!!!, hay que decirles!!” y se van con ellos. De lejos veo que se aproximan con los líderes, los líderes se agrupan con los demás, hablan, regresan Enara y Pablo. –Cómo les fue? –mmm nos los convenció, dijeron que van a discutirlo. Pablo ha abandonado su comisión de seguridad por andar platicando y asesorando contingentes cristianos, se van de inmediato a conseguir la cinta. Nos rodean con ella. Ahora estamos más cohesionados.

Hacen una parada. Hay silencio. Todos están en una actitud muy solemne. Empieza el pase de lista. Dos chicos de voz potente se acercan con nosotros que sostenemos los retratos. Se alternan para decir con orgullo, con rabia, con firmeza: BENJAMÍN ASCENCIO BAUTISTA!! Contestamos con orgullo, con rabia, con firmeza: AUSENTE!!

CARLOS LORENZO HERNÁNDEZ MUÑOZ!!

JORGE ÁLVAREZ NAVA!!

MIGUEL ÁNGEL MENDOZA ZACARÍAS!!

ÁNGEL HERNÁNDEZ MARTÍNEZ!!

Cuarenta y tres ausentes resuenan en medio de la noche y el silencio de una marcha multitudinaria. No hay algo más solemne que ese silencio. Como solemne es que sean los alumnos los que pasan lista junto a sus maestrxs que sostienen los retratos. Se me ha puesto la piel chinita. La escena me conmueve. Miro a las maestras de Vallejo que sostienen los retratos con la mirada al frente, con una dignidad que no dejo de admirarles desde que las conozco. Sus alumnos están allí, delante de ellas y ellos. Los chavos han tomado la iniciativa de todo. A nosotros nos toca aprender de ellos.

Tengo un seminario con profesoras de Vallejo con las que organizamos un congreso. Al presentarme, hace un mes, les dije: En mi vida anterior trataba de ser lingüista e investigadora educativa. Mi segunda vida comenzó cuando entré a trabajar al CCH, hace tres años. Mi experiencia “puma” ha sido como académica y no como alumna. Entré a trabajar acá en medio de una crisis vocacional y de vida que me había paralizado una trayectoria académica que hasta entonces iba bien. Me tardé cuatro años en titularme de una maestría. En ese tiempo muchos amigos míos estudiaron un doctorado y algunos ya hasta se titularon. Yo tuve que rearmar toda mi trayectoria después de haber experimentado un rigor académico que acabó con mis fuerzas, me extravié. Ahora ya no me importa si estudio un doctorado ahora mismo, si me doctoro a los 40. Eso ya no es vital para mí. Vital es conseguir una clase en el CCH, porque hasta ahora he trabajado sólo en la planeación de escritorio. Recuerdo el momento de mi entrevista para obtener este trabajo, con mi ex jefe, historiador de Bélgica que vino a dar al CCH:
-Te ofrecemos una contratación como académica comisionada, lo que quiere decir que tendrás el salario de una profesora y en algún momento te tendrás que incorporar a la docencia, aunque sigas participando del proyecto en el Portal. Creo que el salario es muy bueno considerando las condiciones laborales del país… Y bueno, la oportunidad de trabajar en la UNAM, que es una isla en el mundo.
Lo decía un extranjero “una isla en el mundo”. Lo he ido comprobando en todo este tiempo que llevo de conocer a las personas más comprometidas acá. Maestras que me dicen: “la UNAM me ha dado todo: me formó, me dio trabajo, está formando a mis hijos” (Martha) “lee El capital, es una lección sobre la dignidad humana” (Alma), "No me gusta tratar a los chavos como si no supieran nada, para pararse frente a ellos hay que respetarlos" (Silvia) "Llevo 40 años de trabajar acá y sigo aprendiendo" (Lidia).

Una isla en el mundo. Una lección sobre la dignidad humana. Las frases pasean por mi mente mientras nos lanzamos al último ocho: corremos el último tramo que nos lleva al zócalo gritando CE-CE-CE-CEACHE, CE-CE-CECEACHE!! Un largo recorrido desde Puebla buscando mi formación, mi vocación, me trajo hasta acá. Esta noche confirmo que la he encontrado.

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